martes, 19 de febrero de 2013

Me doy, me voy a hacer capitalista

Por fin llegué el domingo pasado a mi destino final, el rancho donde voy a estar de voluntario por mes y medio. Llevo dos días y estoy medio hasta la madre. ¿Medio hasta la madre? Bah, por no decir que estoy totalmente hasta la madre.

El miércoles pasado llegué a San Francisco. Bien, que bonita ciudad. Audrey, mi chica, me recibió muy contenta y nos fuimos a cenar a un restaurante exótico de comida thai, pedimos un plato de pescado que se llamaba algo así como “Madame bass no se qué” y que según esto es la lubina, róbalo o sábalo, una especie de pez “perciforme” de la familia Moronidae. Eso decía en Wikipedia, y si buscas lo que es perciforme viene: también llamados percomorfos (Percomorphi) o acantópteros (Acanthopteri), incluyen alrededor del 40% de todos los peces y son el orden más grande de vertebrados. El nombre Perciformes significa «con forma de perca». Y así me podría seguir buscando en los hipervínculos que significa esto y aquello, es lo que algunas personas hacen y se vuelven adictos al conocimiento wikipediesco. Pero no, eso no me pasará hoy.
Estuvo buena la cena aunque tuvimos que compartir un plato entre dos y pedimos una porción de arroz a lado. Estuvo bien, no necesitaba más en ese momento aunque, si el dinero sobrara, podría haber pedido una copa de vino, un café de postre y si fumara me fumaría un cigarrillo terminando como hace mi hermano plácidamente después de cada comida. Yo también estaba muy contento de ver a Audrey. Me quedé en casa de unos amigos suyos que practican la fe cristiana a fondo, que es donde ella se estuvo quedando las semanas anteriores porque no tenía departamento. Luego el jueves fue día de los enamorados aunque Audrey trabajó y yo estuve trabajando también en mi diplomado sobre “un futuro sustentable”; pero el viernes nos fuimos a caminar a las zonas turísticas como el Distrito Financiero, Chinatown, Union Square, Yerba Buena Gardens, Mission District donde vive ahora Audrey y otros parques y lugares interesantes. Parece que lo más interesante de la ciudad es que está llena de cafés y restaurantes con mucha diversidad, clubes nocturnos, tiendas de moda, mercados de productos orgánicos, parques muy bonitos, Castro District donde viven todos los gays y lesbianas, y el famosísimo Embarcadero y el Ferry Building donde ya había ido hace como siete años con mi tío Ricardo Ovando. La gente en general se ve mucho más decente que en el resto de los lugares que me ha tocado conocer de California, incluyendo donde estoy ahorita, y en las calles hay muchos asiáticos, algunos indios, mexicanos y otros latinoamericanos, blancos y afroamericanos. Un poco de todo.
Las cosas tampoco son muy fáciles con una chica que ya tiene su vida hecha por aquí; y con la situación en la que yo vengo, como siempre, ligero, con mucho tiempo, pero sin responsabilidades ni complejos NI DINERO. Así que el sábado, después de ayudar a Audrey a cambiarse de departamento, fuimos a un restaurante japonés muy pequeño y muy bonito pero creo que tenía razón una amiga suya cuando nos dijo que ella sola se hubiera podido terminar todo lo que habíamos pedido. Estaba bueno, un sushi en el que cada rollito estaba cubierto con un pescado diferente y otra cosa que se llamaba algo así como Popcorn… y que era también pescado empanizado con arroz. En general tuve una buena estancia en San Francisco y conforme a mis planes, voy a estar yendo a disfrutar y a conocer aquella ciudad unas dos o tres veces por mes. Dicen que fue suerte pero desde que yo llegué el clima estuvo muy agradable, cielo despejado y ni necesidad de usar suéter a medio día a pesar de estar todavía en invierno. Caminando ahí por el Distrito Financiero, el viernes pasado en la tarde, ya todos iban saliendo de trabajar y hacía un sol precioso, poca madre (¿por qué no decirlo si es mi blog?); y ahí iba yo caminando con mi chica, todo el mundo contento. Hasta los vagabundos parecían contentos. Solo un perro que estaba a los pies de una señora sin piernas, bueno, que estaba a lado de su silla de ruedas, no parecía muy contento cuando dos personas se acercaron a hablar con ella. También era vagabunda o eso parecía.

Hace dos días que me vine al rancho, como a una hora y media de la ciudad. Audrey me trajo en su coche; yo hubiera preferido venirme sólo pero aquí en Estados Unidos las cosas no funcionan tan bien si no tienes coche, y menos en una zona rural aunque eso creo que es igual en todos lados. Así que, ya oscuro, llegamos al rancho, nos despedimos y Audrey se fue. Resultó que no era el rancho que yo buscaba pero afortunadamente me encontré con un paisa acá, tumbado con un gran bigote negro, tenis y pantalones de cholo, que me ayudó. Había nacido en México pero se crió desde pequeño aquí y conocía a Linda McDonald, la que dirige el rancho donde estoy ahora. Me invitó a pasar a su casa y para mi sorpresa había como treinta personas ahí, un titipuchal de niños como diría mi abuela, o un manojo como diría Rodrigo. Primero pensé que todos vivían ahí y que así es como se veía una típica casa de mexicanos en la zona rural de EEUU, pero no. Estaban en los últimos momentos de una carne asada familiar. La mamá estaba ahí también, una mamá mexicana que de inmediato me invitó un “steak” con ensalada de papa. El cholo, Jesús, me invitó una chela “¿quieres una chela gouey?”; tenía un acento chistosísimo de chicano como los de las películas. Los niños estaban viendo una película o programa de policías de Los Ángeles que según eso eran grabadas de la vida real. Ahí salian los mexican cops y decían “open de door pendejo”. Al poco rato llegó Linda McDonald, habló con Jesús por un momento, y luego nos venimos al rancho en medio de la oscuridad. No tengo ni idea de donde estoy, sólo sé que estoy cerca de Santa Rosa. Cuando llegué me encontré con una pareja de franceses y un americano de Mississipi, todos se iban al día siguiente. Los franceses, un chico y una chica, habían dicho que tenían un problema familiar y tenían que volver a Francia aunque me confesaron luego que se iban porque no les había gustado el lugar. Jamie, el americano afroamericano de Mississipi, que supuse es gay por su forma de comportarse aunque muy amable, tampoco se quedó con muy buena impresión del lugar. Mmmhh, pues es un rancho en medio de las montañas, con muchos árboles alrededor y caballos. Para subir a donde están los caballos hay una cuatrimoto disponible, pero allá todo está lleno de estiércol y hay que andar limpiándoles las pezuñas con un como palillo de dientes pero para las uñas que se llama “hoofpick”. Hoy tuve que descargar una camioneta pick-up (apodada “La Bestia”) llena de estiércol en una pila, o más bien una montaña enorme de estiércol a lado del camino. Todos los caminos tienen subidas muy empinadas y ahora que ha estado lloviendo está frío y lodoso. Mi trabajo es alimentar a los caballos, limpiarles las pezuñas, ponerles sus chamarras en la mañana, limpiar el establo, ponerles las chamarras en la noche si va a hacer frío, etc. Y creo que este trabajo normalmente lo hacen dos o tres voluntarios y ahora sólo estoy yo para hacerlo.

De hecho esto es lo que quería, estar en un lugar donde mi mente estuviera tranquila, donde pudiera apreciar los placeres de la vida no teniéndolos tan a la mano y sobre todo donde pudiera trabajar con el cuerpo como lo han hecho los hombres desde hace miles de años hasta que llegó nuestra “era digital”; ahora la mitad de los trabajos es estar frente a una computadora. Nuestro cuerpo está diseñado para trabajar varias horas del día y ahora la vida sólo te permite la actividad física si vas a un gimnasio y además hay que pagar. Supongo que me desacostumbre a esta dinámica porque me duelen los brazos y las piernas.  De repente siento que la energía se me acaba para seguir este estilo de vida. Creo que cuando regresé de España me sentía así y por eso empecé a trabajar en Jalpan pero luego, cuando me dieron fuego, pensé en volver a las andadas. Pero es mucha chinga, ¿y para qué? ¿Para que estudié en una universidad privada tan cara y para que fui a España a hacer un máster? ¿Para recoger caca de caballo bajo la lluvia en un rancho perdido donde no me pagan y de hecho hasta tuve que poner quince dólares de mi bolsa para completar mi despensa de la semana?
Me voy a hacer capitalista mejor. Voy a conseguirme un trabajo donde gane dinero para ir a buenos restaurantes y comprar mucha ropa. Voy a dejar de preocuparme tanto por el medio ambiente, por la pobreza del mundo y las guerras. No importa que me dedique a importar basura de China para venderla en tiendas como Waldos pero espero poder estar en un lugar cerca de mi familia y donde pueda seguir teniendo contacto con los amigos que he hecho durante estos años. Quiero ver a mi amigo Digu de la India y no creo que él vaya a venir a visitarme. Quiero ir a ver a Simon en Alemania ahora que esté mejor, hacer un viaje con Daniel, con el Charles y con el  Suri. Salir con mis primos en la ciudad de México y ver a mis tíos y tías por ahí.

Las experiencias como esta, lo único bueno que tienen es que te hacen reflexionar y apreciar lo bueno que tenemos en la vida. Estar limpio, estar calientito, estar con gente agradable. Aquí sólo está Linda que se la pasa dando órdenes; Richard, que es como de sesenta años, simpático pero que me trae en chinga; el hijo de Linda de veintiséis años que no me quiso dar pan cuando ni siquiera se lo estaba pidiendo, que no hace ni un poco de esfuerzo por entender que onda y que parece un pendejazo; y una chava de catorce que está en la edad de la adolescencia con todo lo que implica.

3 comentarios:

  1. ¡Mucho ánimo Emilio!

    Por fitas, no te vuelvas capitalista, pero tampoco dejes que te chinguen/exploten tan feo...y cuídate de la chamaca de 14 años, así como lo leo, suena que es la más peligrosa de todos los personajes que te rodean, jeje.

    TQM

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  2. Jajaja, gracias Indy. Esta enamorada y no de mi, asi que no existe otro hombre para ella. Ya sabes como son esos enamoramientos de adolecente. Ya somos un poco amigos. Un abrazo

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  3. gallo salvajemente detectivesco27 de abril de 2013, 4:16 p.m.

    courage gallo, ya vendrá el aquel viaje!

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