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martes, 2 de abril de 2013

CONQUISTA


"Do not try to be superior among the people
 around you, that intention leads to death" 
Vissarion [i]

Controversial, pero me gusta. Este video presenta a una secta que si parece una jalada, pero de hecho la última recomendación que Vissarion hace para finalizar su entrevista me pareció interesante.

Mi estancia en el rancho no dejó de mejorar conforme fue pasando el tiempo. La segunda semana llegó Charlene, mi primera amiga realmente africana. Nació en Zimbabwe y se vino como refugiada a los EEUU a la edad de siete años. A la cuarta semana llegó Thomas, un francés que aspira a tener un puesto en el Banco Central Europeo para "cambiar el sistema desde adentro", y Ruth, una inglesa que estudió fotografía. Además terminé haciéndome amigo de Robert, el muchacho que vive en el rancho y que al principio no me caía nada bien. Todavía la última semana que pasé en el rancho llegaron dos californianos que están haciendo un tour de todo EEUU en bicicleta que va a durar al menos un año[ii]. Uno de ellos, Joel, quiere luego pedalear un rato conmigo en México. Me enseñó mucho sobre los nombres y los usos de diferentes plantas y árboles de la región. 
TODO LO QUE SE NECESITA PARA ATRAVESAR ESTADOS UNIDOS

LA CAMA

Con Robert y con Thomas me aventé largas discusiones sobre economía y tecnologías digitales intentando predecir el futuro del Bitcoin, una nueva moneda digital cuyo uso podría difundirse gracias a las ventajas que ofrece. Mientras tanto seguí cuidando a los caballos y me encariñé con ellos. Cada uno tiene su personalidad y luego de conocerlos hasta los extraño. Algunos son cariñosos, otros caprichosos, unos tímidos y otros alocados, otros traviesos y otros flojos como uno que se me figuraba más a un burro que a un caballo. No se movía y era bien terco.

El viernes pasado me hicieron una fiesta de despedida y el sábado me subí al Greyhound con dirección a Sacramento. Sentí una dulce tristeza al despedir a aquella gente con la que pasé buenos momentos y que tal vez no vuelva a ver pero el domingo de pascua me la pasé muy bien en familia con mi tío y mis primos que vine a visitar aquí, tomando vino californiano con unos tacos de carnitas. Ayer acompañé a mi primo Alejandro a su clase de sociología aquí en el Community College con un maestro que fuma mariguana en los pasillos de la escuela "que porque sufre de glaucoma". Aparentemente muchos "güeros" o "whites", como les dicen aquí a los gringos, fuman mariguana tranquila y abiertamente. Todavía no entiendo cómo en un Estado tan liberal hayan tenido de gobernador a Mr. Terminator apenas hace unos años. ¡Caray! Espero que haya sido una broma. Y bueno, hace unos días en París estuvieron haciendo manifestaciones masivas en contra de la retificación de la nueva ley que permite el matrimonio a personas del mismo sexo.
Hace poco menos de siete años estuve aquí mismo en Elk Grove, que es como parte de los suburbios de Sacramento y todo ha crecido mucho pero sigue habiendo mucho espacio. Estados Unidos es el tercer país en territorio en el mundo y a diferencia de Rusia y Canadá, primero y segundo lugar en territorio respectivamente, la mayoría del terreno no es tundra y hielo perpetuo como en el norte de Canadá o en Siberia. Aquí hay muchísimo espacio todavía vacío y los habitantes descendientes de europeo, un poco al igual que en Europa, tienen pocos o ningún hijo; así que la migración sigue y seguirá todavía por muchos años y la economía también seguirá siendo la más grande por muchos años más. EEUU es un país mucho más joven de lo que creí, y la madurez de su sociedad tiene una distancia abismal con las sociedades europeas. Es gente bárbara, salvaje, y la sociedad sigue en un contínuo reacomodo. México provee la mano de obra y algunos cerebros, pero el resto de la migración son sobre todo cerebros que vienen sobre todo de los países en desarrollo. Ingenieros, doctores, arquitectos, contadores (como mi tío), profesores, estudiantes, investigadores... Pero esta impresión que tengo es probablemente porque estoy en California. La Costa Este parece que tiene más cercanía a las sociedades europeas y en los Estados del Medio Oeste y el Sur parece que todo va avanzando más lento y la población es mucho más homogénea con una gran mayoría blanca.

Los ya clásicos autobuses Greyhound 

Hace unos días terminé el libro de Zorba de Kazantzakis, al final trata un poco el tema de la muerte y la vejez. Me puse a pensar en mis papás y mi abuelos, algunos tíos y primos chicos y sus perspectivas sobre todo esto. La satisfacción y el enorme reto de hacerse viejo y poder mirar atrás con orgullo. La longevidad no es tanto una suerte o un don, sino diferentes elecciones que vamos haciendo desde que nacemos, influenciados por nuestro entorno. Alimentación, salud, hábitos, vicios, relaciones con amigos y familiares, etcétera, que a veces no hacemos conscientemente o pensando en el futuro. Vivir mucho y vivir bien está al alcance de las posibilidades de mucha gente que no sabe cómo. Pero la sociedad moderna occidental pone mucho énfasis en la longevidad descuidando un poco el aspecto de la calidad humana. Vivir bien, contentos, disfrutar y darle sentido a nuestras vidas también es importante.
Mi abuela Gloria cumplió ochenta y nueve años la semana pasada. Un mujerón, once hijos de los cuales ya le tocó ver morir a dos y a su esposo con quien estuvo casada cincuenta años. ¿Cuáles son sus intereses? Es una mujer extremadamente fuerte, sin embargo, el sentido común apunta a que su hora se acerca cada vez más. ¿Qué le gustaría a ella antes de morir? Que sus hijos sean felices y que tengan nietos supongo. Apenas este último año dos nietos y una nieta anunciaron sus planes de casarse y mi prima ya hasta de luna de miel anda. La familia sigue siendo la institución principal de la sociedad, pero las dinámicas se transforman. Yo estoy lejos de mi familia la mayor parte del tiempo pero con las redes sociales y el correo electrónico sigo manteniendo y fortaleciendo mis lazos familiares ya amistosos. Mis papás me cuidan y yo los cuido. Les suguiero comer sano y hacer ejercicio, y ellos a su vez siguen siendo una guía para sobrepasar problemas cuando algo se me atora, aunque cada vez puedo ser más independiente sin sacrificar otras cosas. El problema no es que una persona no pueda ser independiente, pues yo hubiera podido salirme de mi casa a los dieciocho años y empezar mi propia vida, sólo que entre más retraso ese momento, más preparado me siento y más oportunidades se me abren. También reflexioné sobre las cualidades de mi mamá y las de mi papá. Ellos hicieron un buen equipo, escogieron bien. Otros matrimonios no son tan exitosos. Todo esto vino por mi pregunta de ¿qué quiero hacer con mi vida y cómo me gustaría vivirla a partir de ahora? Y muy importante, ¿dónde me gustaría hacer una vida? ¿Cercanía con la familia? ¿México? ¿Y qué con el crímen y la corrupción? O en una ciudad en el extranjero pero ¿Con nuevos amigos? ¿Empezar de cero? Estados Unidos está joven, hay mucho por hacer, pero no para empezar de cero como lavaplatos en un restaurante. Aquí sólo empezando de más arriba. Europa me gusta, especialmente Francia y Alemania. Son países viejos, ya están en su otoño. Me imagino que en el futuro sólo quedará el recuerdo y la historia de cuando fueron una gran potencia, así como pasó con el Antiguo Egipto, la Antigua Grecia, el Imperio Romano o el Otomano.

Pero también el mundo está cambiando y cada vez más, sin perder la originalidad y la identidad que caracteriza a cada pueblo, el mundo se hará uno solo. La Era de los imperios y las potencias quedará atrás. Aún así creo que Europa es donde está el ejemplo presente, donde gente de la tercera edad puede divertirse, aprovechar, vivir sin preocupaciones. Han pagado un alto precio, incluyendo dos guerras mundiales. Estados Unidos no es así. Aquí una minoría conformada por un sector de la población blanca puede alcanzar esos niveles de bienestar pero ni siquiera todos los blancos. Y la población trabajadora, la clase media, ni se diga. Sin embargo tiene mucho empuje y las herramientas y oportundades para aprovechar toda esa energía que en otros países sólo se desperdicia debido a lo enviciado que están los sistemas de gobierno, económicos, educativos, etc.


[i] Vissarion, ¨Cult Leader Thinks He's Jesus¨, 24'24'',
disponible en: http://www.youtube.com/watch?v=W2Cv5hZfOmk
[ii] Aquí pueden checar su blog y algunas fotos más:
http://figure8farmer.blogspot.com, https://plus.google.com/116459683239799936383/posts

viernes, 8 de marzo de 2013

Autobus Santa Rosa - San Francisco


Ayer me fui a la cama con una enorme angustia que no me dejó dormir.

Voy camino a San Francisco. Tuve que caminar un rato para llegar a la estación de autobuses y terminé por toparme con una mujer en el camino que parecía trasvesti con mucho perfume barato que me dijo que estaba realmente muy lejos y me dió el dinero del pasaje. Me ahorró una caminata como de dos horas que estaba haciendo con muy poco ánimo. En la estación de Santa Rosa otra vez me puse a observar cuánta gente jodida vagabundea por las calles. No son exactamente vagabundos, sino más bien gente que va por ahí sucia, con el cabello brilloso de que no se han bañado en varios días y con bolsas de plástico llenas de baratijas. Es como gente que vive por ahí en algún agujero, mantenida por el gobierno o por familiares y que no sabe que hacer o no encuentra el sentido de hacer algo. Como no alcancé a desayunar tuve que cortar el pan que había horneado para llevar a casa de Audrey y me hice un sandwich con un huevo cocido que llevaba en una bolsa de papel de las de pan y en eso llegó un niño acompañado de su mamá a sentarse a mi lado a esperar su autobús. No sé si me veía muy destruido, cabizbajo, necesitado o qué, pero el niño me dió un nuguet de pollo de una bolsa de Burguer King que traía. Supe que era Burger King porque tenía puesta la corona esa de cartón que les dan cuando compran un menú de niños. De haber sido de cualquier otra persona probablemente me habría ofendido o avergonzado pero ese gesto venido de un niño de unos ocho o nueve años que me compartió su comida pensando en que podría hacer algo para mejorar mi situación me conmovió profundamente. Más aún, cuando luego de unos minutos me preguntó a donde iba y le dije que a San Francisco, entonces sacó otro nuguet de su bolsa mientras yo miraba para otro lado y lo puso en mi pierna para llamar mi atención. Yo voltée y el niño justo antes de pararse e irse con su mamá me deseó "buena suerte" (good luck).

Esos pequeños detalles de la vida te pueden cambier el humor de un momento a otro recordándote que hay un mundo allá afuera como para que nos quedemos ahogándonos en nuestros pequeños problemas. De todos modos no somos más que un respiro en la historia humana, mejor que sea un respiro de alivio. 

lunes, 4 de marzo de 2013

Primeras aventuras


I was happy, I knew that. While experiencing happiness, we have difficulty in being conscious of it. Only when the happiness is past and we look back on it do we suddently realize – sometimes with astonishment – how happy we had been.
Nikos Kazantzakis


Las primeras grandes aventuras de mi vida, que también son parte de mis recuerdos más antiguos, las pasé con Toño Novoa, mi primer amigo. En ese tiempo le decía Josesito, diminutivo de su primer nombre, y nuestros papás eran amigos y parte del Club Rotario, una asociación civil que se supone hace trabajo filantrópico. Toño es diez meses mayor que yo, lo que hacía una gran diferencia en aquel momento de nuestras vidas; y él nació y creció en Parácuaro, un pueblo a unos catorce kilómetros de Acámbaro con unos pocos miles de habitantes. Siempre me pareció más maduro, como si fuera un paso delante de mí. Actualmente se puede decir que esa distancia se agrandó, pues él ya está casado y tiene una hija hasta donde me platicó su papá la última vez que lo encontré por casualidad en la Ciudad de México.
Tendríamos unos dos o tres años cuando nos conocimos, poco después yo entré al kínder que no me gustaba nada pero fue donde tuve que empezar a abrir mi vida social. Aun así Toño siguió siendo mi mejor amigo, nos veíamos lo lunes en las juntas del Club Rotario y algunos fines de semana en los eventos que se organizaban y en las fiestas y bailes de Acámbaro. En aquél tiempo mis papás rondaban los treinta años e iban a muchísimas más fiestas que ahora.

Un día mi papá me olvidó en Parácuaro. En ese tiempo, y hasta poco después de cumplir los tres años, yo me iba todos los sábados a “trabajar” con él y a veces íbamos a Parácuaro a que mi papá se reuniera con Toño Novoa señor, y yo, Emilio Parrales II jugaba con Toño Novoa II. Un día estábamos ahí y de repente ya no encontré a mi papá y me puse a llorar. Mandaron a un trabajador a que me llevara a Acámbaro y como a la mitad del camino encontramos a mi papá que venía de regreso a buscarme. Yo estaba muy enojado con mi papá por haberme olvidado pero él decía que me había dejado para que jugara un rato; que no era cierto porque él no tenía planeado regresar más tarde. Hasta la fecha cuando le recuerdo esa y otra vez que me olvidó en la fábrica de tuercas que tenía con mis tíos, sólo se ríe, me dice que no es cierto y luego cambia de tema.
Pero bueno, regresando a las aventuras de Parácuaro, fuimos creciendo y entonces ya no me daba miedo quedarme tardes enteras y que mi papá viniera a recogerme en la noche. A diferencia de mí, que soy el mayor y mi mamá nació y creció en la Ciudad de México donde ya desde aquellos años existía el miedo y la desconfianza, Toño es el menor de cuatro hermanos y su mamá siempre vivió en Parácuaro donde todos se conocen y los únicos crímenes suceden en las cantinas entre borrachos. Así que ahí teníamos rienda suelta para andar por todo el pueblo de vagos sin tener a nadie que nos estuviera cuidando todo el tiempo. Íbamos a las canchas de futbol a hacer la reta, a tirar con las resorteras (o flechas como les dicen en Taranda), a subir los cerros, a la plaza del pueblo a trepar los árboles, al taller de uniformes de su papá donde jugábamos en los montones de telas, a tirar con un arco que él tenía, a la casa de su abuelo en donde había un corral con animales, o explorábamos su casa que estaba llena de juguetes por todos lados. Algunas veces nos íbamos el fin de semana a la Sierra de Michoacán donde tenían una cabaña y también andábamos haciendo travesuras por todos lados. Tendríamos unos cinco o seis años en aquel tiempo y un día que le conté todo esto a mi mamá me dijo que ella pensaba que nos cuidaban bien, que sino nunca me hubiera dejado ir a pasar las tardes a su casa. Yo ahora que lo pienso también me sorprendo pero nunca me sentí vulnerable en Parácuaro. Toño conocía a la mayoría de la gente que nos topábamos en la calle, sabía a dónde ir y qué hacer, era su vida de diario. ¡Qué kínder Montesori ni que ocho cuartos!


En una ocasión, después de un día de aventura en Parácuaro en el que también mi hermano participó, llegó mi papá por nosotros mucho más tarde de lo previsto. Iba con Mario Vinos y otro señor que no me acuerdo quien era. Ya estaba oscuro y en lugar de llegar por nosotros a casa de Toño, mandaron al señor que no recuerdo a que nos trajera a la combi donde estaba Mario en el asiento del piloto y mi papá recostado en el asiento de atrás. Le preguntamos que qué le pasaba y nos dijo que estaba borracho. Es la única vez que me acuerdo haberlo visto borracho. Más o menos para calcular la edad que teníamos, mi hermano y yo tenemos grabada la escena de cómo yo me acosté arriba de mi papá y mi hermano arriba de mí, pero el asiento se caía y en un acelerón que Mario Vinos le dio a la pobre combi, al suelo fuimos a dar mi papá y yo, y mi hermano voló hasta el asiento trasero de la combi por lo que no le pasó nada. A mí tampoco me pasó nada, mi papá me abrazó de una forma en la que me protegió por completo. Esta es también parte de las primeras aventuras que recuerdo, aunque la lista sigue y sigue.
Toño y yo fuimos juntos toda la primaria, secundaria y preparatoria, aunque poco a poco la vida nos fue distanciando. Él empezó a frecuentar a otros amigos y yo también, aunque nuestra amistad seguía presente y de repente nos íbamos de fiesta juntos. En algún tiempo, durante los últimos años de la primaria nos gustó la misma niña, Paulina, que fue mi primera novia en cuarto y luego en sexto fue su novia, sólo que yo nunca le tomé la mano y el sí caminaba con ella de la mano. De hecho, en cuarto, motivado por él fue que me animé a preguntarle a Paulina si quería ser mi novia al mismo tiempo que Toño le preguntaba lo mismo a Vianka, otra amiga que tuvimos mucho tiempo. En aquellos días mi mamá diario me preparaba un lunch  pero nunca me daba dinero para gastar en la escuela. Supongo que por eso me acostumbré a vivir con poco dinero; en cambio Toño siempre tenía dinero y me invitaba cosas. Una vez me regaló una moneda de mil pesos, de esas que tenían la imagen de Sor Juana, doradas, y que luego pasaron a valer un peso cuando en 1992 perdió los tres ceros. Teníamos menos de siete años porque yo nací en 1985.

Hoy he perdido contacto con Toño casi por completo. Hace al menos cuatro o cinco años que no lo veo y de que se casó y tuvo una hija me enteré primero por Facebook y luego por su papá. Estando en Acámbaro he pasado un par de veces a buscarlo pero nunca me he puesto verdaderamente a buscarlo con la intención de encontrarlo. No sé de qué hablaríamos, o si tendríamos mucho que decirnos. Hoy soñé justamente que estaba con él y con otros amigos que no lo conocen en la cabaña que tenía en la Sierra de Michoacán y en mi sueño empecé a recordar mis primeras aventuras en Parácuaro, y ahí se las empezaba a contar al resto de los amigos que estaban conmigo. Cuando me desperté, tuve la intención de escribirlo para atestiguar cómo todos esos primeros recuerdos, lo que vimos, lo que sentimos, lo que pensamos; quedan grabados y latentes en nuestra memoria. Y es extraño cómo funciona la mente y que de repente saca recuerdos sin mucho motivo aparente.
Ayer tuve un día bastante relajado. Hice lo que tenía que hacer, me quedó tiempo libre en el que no supe que hacer. Me dormí temprano y me levanté tarde. Varias veces me ha pasado que me quedo con tiempo de sobra que no encuentro como llenar, en lugares donde no hay distracciones como televisión o gente con quien pasar el tiempo. Momentos en los que sólo estoy yo, conmigo, y que todo lo que tenía que hacer, pensar o reflexionar ya lo hice. Es entonces cuando me vienen a la cabeza viejos pensamientos o pendientes que me gustaría hacer como contactar a Toño. Luego empecé a escribir sobre todo esto y me di cuenta de que todo esto de las aventuras con Toño en Parácuaro tiene un enorme parecido con lo que hago ahora en Taranda con Jorge. La vida se repite, buscamos lo que conocemos.

“No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente” 
San Juan 5-19

martes, 26 de febrero de 2013

Mc Donald’s Ranch


Well, back in the ranch! The weekend has gone with the city and everything it represents. Is like being transported to a different world where beauty and life is understood in a different way. I love these contrasts, comparing the good and the bad of each lifestyle.

I had quite an adventure though. Yesterday in San Francisco, after walking for a long time on Mission Street gathering more information about jobs and apartments for rent, I got stuck not being able to withdraw cash from my debit card which I think got blocked after the three chances to dial the pin at the ATM machines. All I had was three dollars cash which was barely enough to eat something cheap, i.e. a hamburger at McDonalds, mmmmhhh!!! Even though I always travel very short in terms of money, it is indescribable the vulnerability and misery that overcomes me when I have no money left at least to call someone for help. I don’t know if other people share this reaction but being in a city like San Francisco with so many homeless people asking for money in the streets, I picture myself asking for help with no one paying any attention to my words or caring a shit on any explanation I could give. At the end I was able to pay a bus ticket to Santa Rosa after spending most of my day walking here and there looking for possibilities trying to withdraw cash from practically every ATM I passed by.

When I got to Santa Rosa, Linda, the lady who picked me up from the bus station, drove me to Philly’s Giant Burgers where I got the best hamburger (with cheddar and bacon) I’ve ever had. Was it because I hadn’t had any food since the morning or were those burgers really the best? I think both facts contributed. I have never been fan of hamburgers but if you ever want to try a good one, I think it must be in California. That’s one of the few things I actually feel like really authentic from here. And you wouldn’t look for the best ones at a chain restaurant, like Jack in the box or Carl’s Junior, but in the small local business spread around. It’s like in Mexico that you find taco places (puestos) everywhere but there are some that are just the best and you need to know it from someone else or have good chance.  

domingo, 24 de febrero de 2013

Mission District


Ayer tuve mi primera inmersión directa en la actividad social de San Francisco, salí a caminar solo.  Esta es para mí la forma en la que una persona logra estar totalmente abierta y receptiva a lo que pasa alrededor ya que al estar con otra persona, ésta merece toda la atención de nuestros sentidos para poder tener una buena comunicación, aunque esto va en detrimento de la interacción que podemos lograr con nuestro alrededor. Así como pasa en todas las grandes ciudades cada barrio de San Francisco tiene sus peculiaridades, los más famosos son Chinatown, donde está la mayoría de tiendas, negocios y restaurantes asiáticos; Marina, donde viven los ricos y está el embarcadero con todos los yates y el icónico Golden Gate de fondo en el paisaje; el Distrito Financiero, en el que se concentran los rascacielos de San Francisco con sus miles de oficinas mayoritariamente de los bancos como Wells-Fargo, Bank of America, Citybank, Chase, etc., etc.; Castro District, el barrio guey, también muy icónico de la ciudad; Haight-Ashbury, con sus viejos hippies que quedaron de los 60s, tiendas de segunda mano y gente excéntrica;  y Mission District.

Audrey vive cerca del Mission District (¿Distrito Misión? Algunas cosas es mejor no traducirlas), el barrio que concentra la mayor población de mexicanos y latinos en la ciudad, la raza wey. Así que decidí que ahí fuera esta primera excursión y me puse en marcha hacia Mission Street, la vena principal del barrio. De inmediato empezaron a abundar restaurantes de comida latina y tiendas con productos mayoritariamente mexicanos. Además de latinos, parece haber muchos asiáticos por ahí. Y cuál fue mi sorpresa cuando en la esquina de la Veinticuatro y Mission St., justo frente a un McDonalds, encontré a un grupo de militantes del Partido Comunista de los Estados Unidos con pancartas y fotos de injusticias cometidas por el gobierno estadounidense.

Por supuesto que, sorprendido de encontrar algo tan inesperado, me quede a leer los flyers y las pancartas y me puse a hablar con Joe, un señor en sus cincuentas que parecía ser el líder. Además de él y otro señor que conocí más tarde, más o menos de la misma edad, todos los demás parecían ser inmigrantes de primera generación de origen latino o asiático, y más jóvenes. Por lo que me conto Joe, todo el movimiento de los 60s le toco cuando todavía era muy pequeño pero parecía ser un anticapitalista muy convencido y más o menos experimentado en esto de la militancia. Su discurso, sin embargo, me pareció un poco radical y aunque yo estoy de acuerdo con mucho de lo que dijo, creo que la opción de deshacernos de todos los capitalistas y tomar el poder para instaurar un régimen comunista sería demasiado violento y además inviable. Esas opiniones ya quedan para cada uno pero gracias a este encuentro tuve una refrescada en los movimientos de protesta y su historia  en EEUU como los de las Panteras Negras, Malcom X, cuyos protagonistas son miembros de la  comunidad afroamericana. Otra cosa que me llamo la atención de lo que dijo Joe cuando le conté que yo había estado en España el año pasado y había participado en las protestas que hubo y sigue habiendo en Madrid fue que según el en España y en Egipto (tampoco entendí mucho la relación entre estos dos movimientos) es que falta liderazgo, alguien que dirija. Para este momento, el presidente del PCEEUU, Bob Avakian, es el líder y fundador en 1975 o por ahí, y entre el material que tienen estas personas para ofrecer a la gente, esta un libro con lo básico, de hecho se llama así, “The Basics” y su traducción en español, “Lo Básico”; una Constitución también escrita por él, entrevistas grabadas y un website para informarse más sobre el movimiento.

Se supone que sus escritos se basan en análisis “científicos” de otras experiencias comunistas como en China o en Rusia y sus fallos, así como la posibilidad de construir una nación comunista exitosa y la estrategia a seguir para lograrlo. Mis principales críticas serian: 1) así como aquí en San Francisco poner la palabra “orgánico, “verde”, o “artesanal” hace la diferencia, en el mundo de hoy lo que vale es solo lo “científico”. Y lo pongo entre comillas porque es solo una palabra y es muy cuestionable, sobre todo en lo social decir que algo es científico.
Me invitaron a un meeting. No sabía muy bien qué esperar pero dijeron que sería ahí enfrente, y señalaron hacia el McDonals, y faltaban solo unos minutos para que comenzara, así que decidí esperar. Yo me imaginaba que íbamos a ser un grupo de personas frente al local de McDonalds gritando con altavoces, porque traían altavoces, y estaban invitando a la gente al meeting, protestando contra el capitalismo. Y ahí estaba esta gente, unos seis o siete contando algunas mujeres y dos de ellos gritaban por el altavoz, en inglés uno y luego en español el otro, que este mundo está jodido, que necesitamos una revolución, una en donde millones de personas cooperen, pero para eso “te necesitamos a ti”. Y más bien parecían locos porque nadie les hacía caso. La gente iba y venía sin siquiera voltear a verlos, como acostumbrada a este tipo de gente deschavetada. Y lo más dramático es que justamente en la contraesquina había otra persona con altavoz hablando sobre Dios, el infierno y la salvación. Y cuál va siendo mi sorpresa cuando descubrí que de hecho el meeting era dentro del McDonalds pero usado como centro de reunión y no como objetivo de la protesta. ¡A ha! Una reunión anticapitalista del Partido Comunista de los EEUU donde los líderes discutían sobre el futuro del socialismo mientras sostenían un vaso de McCafé en su mano. ¡Cosas más extrañas se han visto en este mundo, supongo!

Bueno. Después de un buen rato de discusión, emprendí el regreso y en el camino, cuando pasaba la esquina entre Mission St. y la 26th St., me encontré a unos borrachitos trabajadores como ellos mismos se llamaron. Estaban recargados en una pared tomando el sol y cuando pasé, levantaron la cabeza amigablemente en señal de saludo, así que me acerqué a platicar con ellos. Eran dos mexicanos, uno de Salamanca y otro de Oaxaca. Al de Salamanca, de unos treinta y tantos, pareció darle gusto encontrar a un paisano también de Guanajuato cuando le dije que yo era de Acámbaro. El oaxaqueño parecía más desconfiado. Les empecé a hacer muchas preguntas en cuanto a cómo podría conseguirme un jale[1] y no sé si pensaron que era policía porque de repente, cuando les hice un comentario sobre que ya se habían echado unas chelas, me dijeron “¡no!, nosotros no tenemos nada, no vendemos esas chingaderas, sólo borrachitos pero trabajadores!” Luego me dijo uno, “bueno, ¿pero tú que eres periodista o vienes a hacernos una encuesta o qué?” Lo que sigue fue un poco vergonzoso porque me dijo, “¿ah sí? ¿y que sabes hacer? Construcción, pintura, jardinería…” Y como para probar si era cierto que yo buscaba un trabajo me hizo que le enseñara las manos. Luego me enseñó las suyas y me dijo “estas son unas manos de trabajo” Y si, estaban todas llenas de cayos. Sentí como si mis manos parecieran de señorita a lado de las suyas, o como de esas personas que están hasta rosas de que no les da el sol porque se la pasan trabajando todo el día encerrados en una oficina.
Pero aunque mi descripción de los hechos parece tener tintes de hostilidad, todo pasó muy tranquilo y en humor de echarnos la mano. Al final supe que en “la Chavez”, la calle, es donde se paran los trabajadores cada día a las seis de la mañana a esperar a que lleguen los contratistas. El oaxaqueño me preguntó si conocía el DF y me dijo “así como se ponen con sus letreros de plomero, cerrajero, carpintero, etc.; igualito pero sin letrero. Tú vete a la Chavez a las seis de la mañana y seguro sale jale. Y si te agarras a un buen patrón ya chingaste porque te van a llamar seguido. Luego el de Salamanca agregó “pero córtate esa greña, quitate esa cosa que traes en el cuello (refiriéndose a mi bufanda) y rasúrate que pareces árabe o no sé qué”. 
También me dijeron que entre la 20th St. y la 24th. St. sobre Mission podría conseguir una mi[2]ca para poder trabajar, pero esa sólo se ocupa para restaurantes o establecimientos más formales. Cuando pregunté dónde vivían o cómo conseguir un cuarto me respondió el de Salamanca “no amigo, pues aquí estamos en un santuario. ¿Sabes?  Te vas a un shelter[3] y ahí te apuntas y te dan chance seis meses. Luego te cambias de shelter y así te vas de shelter en shelter hasta que se te acaban y entonces…” y ahí se empezaron a reir y no entendí lo que significó su risa. Él llevaba siete años viviendo por acá. Su apariencia no era la más saludable pero los dos se portaron muy solidarios conmigo. Finalmente me despedí de mis compatriotas con una gran alegría de pensar en vivir unos mesesitos en esta ciudad que parece tan interesante.



[1] trabajo
[2] Greencard, documento de identificación norteamericano.
[3] Albergue

jueves, 21 de febrero de 2013

Los buenos recuerdos


Todo parece ir mejor ahora. Hoy terminé mi cuarto día de trabajo en el rancho, ahora me toca descansar tres días de esta semana y el lunes también descanso, o sea, cuatro días seguidos. La carga normal de trabajo para los voluntarios es de treinta y dos horas a la semana divididas en cuatro días de ocho horas cada uno. Mi cuerpo empieza a acostumbrarse ya al trabajo físico, no me siento tan cansado como los primeros días. Mi apetito aumento considerablemente de tantas calorías que quemo de andar de un lado para otro cargando cosas y de mantener mi cuerpo caliente cuando la actividad es ligera y el frío traspasa mi doble pantalón y los dos suéteres y la chamarra que llevo cuando estoy fuera de la casa. 

Uno de los momentos más placenteros del día y que mas extraño de este tipo de experiencias es cuando al final de la jornada me doy un baño caliente, disfruto más que nunca de la comida, y por fin me voy a dormir cansado de toda la actividad del día, sintiendo como se relajan los músculos en la que parece la cama más suave que he tenido. ¡Ese sueño sí que se disfruta! 

Y también los días de descanso se disfrutan mas, no se necesita hacer gran cosa y aunque el clima sea malo, la sensación es la de un domingo a las nueve de la mañana con el sol empezando a calentar tras una exitosa semana de trabajo y una buena convivencia con amigos el sábado por la noche. Eso me recuerda aquellos días de universidad cuando nos fuimos un grupo de amigos a pasar un verano trabajando y conociendo la ciudad de Montreal. Los fines de semana solo necesitábamos salir a alguno de los parques o caminar o ver las curiosidades que se encuentran en las tiendas cerca de la Rue Saint-Laurent, y con eso nuestro día estaba hecho. Eso sí, una de las cosas más importantes es que éramos un grupo y teníamos con quien compartir nuestros descubrimientos y nuevas experiencias. 

¡Qué nostalgia aquellos días en la universidad, cuando todavía éramos estudiantes sin responsabilidades pero casi adultos! Con el mundo esperando a que lo conquistemos, con grandes ambiciones. Esos viajes a Nueva York, a Maruata, a Veracruz, a Guerrero, y hasta el famosísimo Tarandacuao, ciudad natal del gran gallo que ya no quiere que le digan gallo. 

Todos los amigos tienen sus historias. Entre las más memorables desde mi perspectiva están cuando encontramos al Charles encuerado en el piso del baño en Puerto Vallarta, cuando me agarro la policía en Nueva York por tomar prestadas unas prendas en una tienda de ropa, cuando Feregrino se cayó tratando de caminar en el hielo que se forma en las calles de Toulouse en el invierno (con todo el glamour que lo caracteriza), cuando el Casillas se gasto todo el dinero de su trabajo en Nueva York en ropa, cuando festejamos también en Nueva York el cumpleaños del Capelo y al otro día lo encontramos con una cruda moral insostenible y todo el cuarto lleno de comida echada de regreso (el día anterior Clau León le estaba dando Bacardi Blanco directo de la botella); o cuando Suri sacaba a bailar a todas las chicas en los bares de Montreal pero le dio miedo cuando una se le aventó, que por cierto no está nada mal, aunque tal vez como él dice, esta media zafada; y cuantas cosas me ha tocado vivir con el gallo que ya no quiere ser El Gallo, como cuando nos salimos de la carretera en las curvas de la sierra michoacana que llevan a la playa virgen de Maruata, una de las playas más bonitas que he visto en mi vida; o cuando nos peleamos por un kilo de naranjas que compro por treinta y cinco pesos cuando íbamos a Veracruz, aquel viaje en donde el Charles bailo en el escenario de un table-dance sin playera mientras veía como se movía su reflejo en un gran espejo. También me acuerdo mucho de aquella vez que se nos hizo de noche al Charles y a mí en Charco Frio, un lugar perdido en el semidesierto queretano. Esa vez vimos las estrellas como nunca y con un mapa que yo llevaba, descubrimos muchas constelaciones. Fue también ese día cuando nació el encanto que tengo por las Yucas que, en el crepúsculo de aquella noche, formaban siluetas caprichosas en el horizonte como si fueran monstruos retorcidos cuyas cabezas eran esa bola espinosa que tienen en la punta. La Sierra Gorda guarda muchos recuerdos para mí. En otro viaje con Daniel nos metimos a un circo de contrabando en Colón. Esa vez nos habían dado aventón unos obreros de una fábrica que iban medio borrachos tomando caguamas y manejando rapidísimo. Al día siguiente, mientras levantábamos nuestro campamento, vimos como una grúa remolcaba un Jetta blanco igualito hasta con alerón al que nos habíamos subido un día antes, pero todo chocado. Nunca supimos si era el mismo pero mientras nos daban ese aventón yo iba, perdón por la expresión, cagado de miedo. Ese viaje de tres días de Querétaro a Jalpan lo hicimos con cien pesos cada quien, y al regreso Daniel estaba muy orgulloso de cómo hasta le habían sobrado unos pesos. 
¿O alguien se acuerda de aquella noche bohemia en Taxco tomando tequila cuando nos encontramos a cuatro chavos en el kiosco del pueblo tocando y cantando canciones mexicanas, o cuando en Toulouse nos fuimos a una fiesta universitaria en bicicleta y se suponía que cada uno debía de llevar a una chava consigo en la bicicleta y yo pretendía llevar a dos y que luego nos robaron las chamarras y tuvimos que regresar a la casa caminando porque las llaves de las bicis estaban en las chamarras? En aquella fiesta un grupo de franceses terminaron totalmente desnudos arriba de una barra, aunque todavía había mucha gente en la fiesta. La única explicación que hasta el día de hoy encuentro es que era una fiesta de la escuela de ingeniería.

En fin, yo creo que deberíamos seguir con aquel plan que sugirió Daniel de escribir nuestras crónicas de Los Gallos y luego, compartirlas para ver las diferentes perspectivas y puntos de vista, lo que le llama la atención a cada uno. Me gusta más que ver fotos.