martes, 26 de febrero de 2013

Mc Donald’s Ranch


Well, back in the ranch! The weekend has gone with the city and everything it represents. Is like being transported to a different world where beauty and life is understood in a different way. I love these contrasts, comparing the good and the bad of each lifestyle.

I had quite an adventure though. Yesterday in San Francisco, after walking for a long time on Mission Street gathering more information about jobs and apartments for rent, I got stuck not being able to withdraw cash from my debit card which I think got blocked after the three chances to dial the pin at the ATM machines. All I had was three dollars cash which was barely enough to eat something cheap, i.e. a hamburger at McDonalds, mmmmhhh!!! Even though I always travel very short in terms of money, it is indescribable the vulnerability and misery that overcomes me when I have no money left at least to call someone for help. I don’t know if other people share this reaction but being in a city like San Francisco with so many homeless people asking for money in the streets, I picture myself asking for help with no one paying any attention to my words or caring a shit on any explanation I could give. At the end I was able to pay a bus ticket to Santa Rosa after spending most of my day walking here and there looking for possibilities trying to withdraw cash from practically every ATM I passed by.

When I got to Santa Rosa, Linda, the lady who picked me up from the bus station, drove me to Philly’s Giant Burgers where I got the best hamburger (with cheddar and bacon) I’ve ever had. Was it because I hadn’t had any food since the morning or were those burgers really the best? I think both facts contributed. I have never been fan of hamburgers but if you ever want to try a good one, I think it must be in California. That’s one of the few things I actually feel like really authentic from here. And you wouldn’t look for the best ones at a chain restaurant, like Jack in the box or Carl’s Junior, but in the small local business spread around. It’s like in Mexico that you find taco places (puestos) everywhere but there are some that are just the best and you need to know it from someone else or have good chance.  

domingo, 24 de febrero de 2013

Mission District


Ayer tuve mi primera inmersión directa en la actividad social de San Francisco, salí a caminar solo.  Esta es para mí la forma en la que una persona logra estar totalmente abierta y receptiva a lo que pasa alrededor ya que al estar con otra persona, ésta merece toda la atención de nuestros sentidos para poder tener una buena comunicación, aunque esto va en detrimento de la interacción que podemos lograr con nuestro alrededor. Así como pasa en todas las grandes ciudades cada barrio de San Francisco tiene sus peculiaridades, los más famosos son Chinatown, donde está la mayoría de tiendas, negocios y restaurantes asiáticos; Marina, donde viven los ricos y está el embarcadero con todos los yates y el icónico Golden Gate de fondo en el paisaje; el Distrito Financiero, en el que se concentran los rascacielos de San Francisco con sus miles de oficinas mayoritariamente de los bancos como Wells-Fargo, Bank of America, Citybank, Chase, etc., etc.; Castro District, el barrio guey, también muy icónico de la ciudad; Haight-Ashbury, con sus viejos hippies que quedaron de los 60s, tiendas de segunda mano y gente excéntrica;  y Mission District.

Audrey vive cerca del Mission District (¿Distrito Misión? Algunas cosas es mejor no traducirlas), el barrio que concentra la mayor población de mexicanos y latinos en la ciudad, la raza wey. Así que decidí que ahí fuera esta primera excursión y me puse en marcha hacia Mission Street, la vena principal del barrio. De inmediato empezaron a abundar restaurantes de comida latina y tiendas con productos mayoritariamente mexicanos. Además de latinos, parece haber muchos asiáticos por ahí. Y cuál fue mi sorpresa cuando en la esquina de la Veinticuatro y Mission St., justo frente a un McDonalds, encontré a un grupo de militantes del Partido Comunista de los Estados Unidos con pancartas y fotos de injusticias cometidas por el gobierno estadounidense.

Por supuesto que, sorprendido de encontrar algo tan inesperado, me quede a leer los flyers y las pancartas y me puse a hablar con Joe, un señor en sus cincuentas que parecía ser el líder. Además de él y otro señor que conocí más tarde, más o menos de la misma edad, todos los demás parecían ser inmigrantes de primera generación de origen latino o asiático, y más jóvenes. Por lo que me conto Joe, todo el movimiento de los 60s le toco cuando todavía era muy pequeño pero parecía ser un anticapitalista muy convencido y más o menos experimentado en esto de la militancia. Su discurso, sin embargo, me pareció un poco radical y aunque yo estoy de acuerdo con mucho de lo que dijo, creo que la opción de deshacernos de todos los capitalistas y tomar el poder para instaurar un régimen comunista sería demasiado violento y además inviable. Esas opiniones ya quedan para cada uno pero gracias a este encuentro tuve una refrescada en los movimientos de protesta y su historia  en EEUU como los de las Panteras Negras, Malcom X, cuyos protagonistas son miembros de la  comunidad afroamericana. Otra cosa que me llamo la atención de lo que dijo Joe cuando le conté que yo había estado en España el año pasado y había participado en las protestas que hubo y sigue habiendo en Madrid fue que según el en España y en Egipto (tampoco entendí mucho la relación entre estos dos movimientos) es que falta liderazgo, alguien que dirija. Para este momento, el presidente del PCEEUU, Bob Avakian, es el líder y fundador en 1975 o por ahí, y entre el material que tienen estas personas para ofrecer a la gente, esta un libro con lo básico, de hecho se llama así, “The Basics” y su traducción en español, “Lo Básico”; una Constitución también escrita por él, entrevistas grabadas y un website para informarse más sobre el movimiento.

Se supone que sus escritos se basan en análisis “científicos” de otras experiencias comunistas como en China o en Rusia y sus fallos, así como la posibilidad de construir una nación comunista exitosa y la estrategia a seguir para lograrlo. Mis principales críticas serian: 1) así como aquí en San Francisco poner la palabra “orgánico, “verde”, o “artesanal” hace la diferencia, en el mundo de hoy lo que vale es solo lo “científico”. Y lo pongo entre comillas porque es solo una palabra y es muy cuestionable, sobre todo en lo social decir que algo es científico.
Me invitaron a un meeting. No sabía muy bien qué esperar pero dijeron que sería ahí enfrente, y señalaron hacia el McDonals, y faltaban solo unos minutos para que comenzara, así que decidí esperar. Yo me imaginaba que íbamos a ser un grupo de personas frente al local de McDonalds gritando con altavoces, porque traían altavoces, y estaban invitando a la gente al meeting, protestando contra el capitalismo. Y ahí estaba esta gente, unos seis o siete contando algunas mujeres y dos de ellos gritaban por el altavoz, en inglés uno y luego en español el otro, que este mundo está jodido, que necesitamos una revolución, una en donde millones de personas cooperen, pero para eso “te necesitamos a ti”. Y más bien parecían locos porque nadie les hacía caso. La gente iba y venía sin siquiera voltear a verlos, como acostumbrada a este tipo de gente deschavetada. Y lo más dramático es que justamente en la contraesquina había otra persona con altavoz hablando sobre Dios, el infierno y la salvación. Y cuál va siendo mi sorpresa cuando descubrí que de hecho el meeting era dentro del McDonalds pero usado como centro de reunión y no como objetivo de la protesta. ¡A ha! Una reunión anticapitalista del Partido Comunista de los EEUU donde los líderes discutían sobre el futuro del socialismo mientras sostenían un vaso de McCafé en su mano. ¡Cosas más extrañas se han visto en este mundo, supongo!

Bueno. Después de un buen rato de discusión, emprendí el regreso y en el camino, cuando pasaba la esquina entre Mission St. y la 26th St., me encontré a unos borrachitos trabajadores como ellos mismos se llamaron. Estaban recargados en una pared tomando el sol y cuando pasé, levantaron la cabeza amigablemente en señal de saludo, así que me acerqué a platicar con ellos. Eran dos mexicanos, uno de Salamanca y otro de Oaxaca. Al de Salamanca, de unos treinta y tantos, pareció darle gusto encontrar a un paisano también de Guanajuato cuando le dije que yo era de Acámbaro. El oaxaqueño parecía más desconfiado. Les empecé a hacer muchas preguntas en cuanto a cómo podría conseguirme un jale[1] y no sé si pensaron que era policía porque de repente, cuando les hice un comentario sobre que ya se habían echado unas chelas, me dijeron “¡no!, nosotros no tenemos nada, no vendemos esas chingaderas, sólo borrachitos pero trabajadores!” Luego me dijo uno, “bueno, ¿pero tú que eres periodista o vienes a hacernos una encuesta o qué?” Lo que sigue fue un poco vergonzoso porque me dijo, “¿ah sí? ¿y que sabes hacer? Construcción, pintura, jardinería…” Y como para probar si era cierto que yo buscaba un trabajo me hizo que le enseñara las manos. Luego me enseñó las suyas y me dijo “estas son unas manos de trabajo” Y si, estaban todas llenas de cayos. Sentí como si mis manos parecieran de señorita a lado de las suyas, o como de esas personas que están hasta rosas de que no les da el sol porque se la pasan trabajando todo el día encerrados en una oficina.
Pero aunque mi descripción de los hechos parece tener tintes de hostilidad, todo pasó muy tranquilo y en humor de echarnos la mano. Al final supe que en “la Chavez”, la calle, es donde se paran los trabajadores cada día a las seis de la mañana a esperar a que lleguen los contratistas. El oaxaqueño me preguntó si conocía el DF y me dijo “así como se ponen con sus letreros de plomero, cerrajero, carpintero, etc.; igualito pero sin letrero. Tú vete a la Chavez a las seis de la mañana y seguro sale jale. Y si te agarras a un buen patrón ya chingaste porque te van a llamar seguido. Luego el de Salamanca agregó “pero córtate esa greña, quitate esa cosa que traes en el cuello (refiriéndose a mi bufanda) y rasúrate que pareces árabe o no sé qué”. 
También me dijeron que entre la 20th St. y la 24th. St. sobre Mission podría conseguir una mi[2]ca para poder trabajar, pero esa sólo se ocupa para restaurantes o establecimientos más formales. Cuando pregunté dónde vivían o cómo conseguir un cuarto me respondió el de Salamanca “no amigo, pues aquí estamos en un santuario. ¿Sabes?  Te vas a un shelter[3] y ahí te apuntas y te dan chance seis meses. Luego te cambias de shelter y así te vas de shelter en shelter hasta que se te acaban y entonces…” y ahí se empezaron a reir y no entendí lo que significó su risa. Él llevaba siete años viviendo por acá. Su apariencia no era la más saludable pero los dos se portaron muy solidarios conmigo. Finalmente me despedí de mis compatriotas con una gran alegría de pensar en vivir unos mesesitos en esta ciudad que parece tan interesante.



[1] trabajo
[2] Greencard, documento de identificación norteamericano.
[3] Albergue

jueves, 21 de febrero de 2013

Los buenos recuerdos


Todo parece ir mejor ahora. Hoy terminé mi cuarto día de trabajo en el rancho, ahora me toca descansar tres días de esta semana y el lunes también descanso, o sea, cuatro días seguidos. La carga normal de trabajo para los voluntarios es de treinta y dos horas a la semana divididas en cuatro días de ocho horas cada uno. Mi cuerpo empieza a acostumbrarse ya al trabajo físico, no me siento tan cansado como los primeros días. Mi apetito aumento considerablemente de tantas calorías que quemo de andar de un lado para otro cargando cosas y de mantener mi cuerpo caliente cuando la actividad es ligera y el frío traspasa mi doble pantalón y los dos suéteres y la chamarra que llevo cuando estoy fuera de la casa. 

Uno de los momentos más placenteros del día y que mas extraño de este tipo de experiencias es cuando al final de la jornada me doy un baño caliente, disfruto más que nunca de la comida, y por fin me voy a dormir cansado de toda la actividad del día, sintiendo como se relajan los músculos en la que parece la cama más suave que he tenido. ¡Ese sueño sí que se disfruta! 

Y también los días de descanso se disfrutan mas, no se necesita hacer gran cosa y aunque el clima sea malo, la sensación es la de un domingo a las nueve de la mañana con el sol empezando a calentar tras una exitosa semana de trabajo y una buena convivencia con amigos el sábado por la noche. Eso me recuerda aquellos días de universidad cuando nos fuimos un grupo de amigos a pasar un verano trabajando y conociendo la ciudad de Montreal. Los fines de semana solo necesitábamos salir a alguno de los parques o caminar o ver las curiosidades que se encuentran en las tiendas cerca de la Rue Saint-Laurent, y con eso nuestro día estaba hecho. Eso sí, una de las cosas más importantes es que éramos un grupo y teníamos con quien compartir nuestros descubrimientos y nuevas experiencias. 

¡Qué nostalgia aquellos días en la universidad, cuando todavía éramos estudiantes sin responsabilidades pero casi adultos! Con el mundo esperando a que lo conquistemos, con grandes ambiciones. Esos viajes a Nueva York, a Maruata, a Veracruz, a Guerrero, y hasta el famosísimo Tarandacuao, ciudad natal del gran gallo que ya no quiere que le digan gallo. 

Todos los amigos tienen sus historias. Entre las más memorables desde mi perspectiva están cuando encontramos al Charles encuerado en el piso del baño en Puerto Vallarta, cuando me agarro la policía en Nueva York por tomar prestadas unas prendas en una tienda de ropa, cuando Feregrino se cayó tratando de caminar en el hielo que se forma en las calles de Toulouse en el invierno (con todo el glamour que lo caracteriza), cuando el Casillas se gasto todo el dinero de su trabajo en Nueva York en ropa, cuando festejamos también en Nueva York el cumpleaños del Capelo y al otro día lo encontramos con una cruda moral insostenible y todo el cuarto lleno de comida echada de regreso (el día anterior Clau León le estaba dando Bacardi Blanco directo de la botella); o cuando Suri sacaba a bailar a todas las chicas en los bares de Montreal pero le dio miedo cuando una se le aventó, que por cierto no está nada mal, aunque tal vez como él dice, esta media zafada; y cuantas cosas me ha tocado vivir con el gallo que ya no quiere ser El Gallo, como cuando nos salimos de la carretera en las curvas de la sierra michoacana que llevan a la playa virgen de Maruata, una de las playas más bonitas que he visto en mi vida; o cuando nos peleamos por un kilo de naranjas que compro por treinta y cinco pesos cuando íbamos a Veracruz, aquel viaje en donde el Charles bailo en el escenario de un table-dance sin playera mientras veía como se movía su reflejo en un gran espejo. También me acuerdo mucho de aquella vez que se nos hizo de noche al Charles y a mí en Charco Frio, un lugar perdido en el semidesierto queretano. Esa vez vimos las estrellas como nunca y con un mapa que yo llevaba, descubrimos muchas constelaciones. Fue también ese día cuando nació el encanto que tengo por las Yucas que, en el crepúsculo de aquella noche, formaban siluetas caprichosas en el horizonte como si fueran monstruos retorcidos cuyas cabezas eran esa bola espinosa que tienen en la punta. La Sierra Gorda guarda muchos recuerdos para mí. En otro viaje con Daniel nos metimos a un circo de contrabando en Colón. Esa vez nos habían dado aventón unos obreros de una fábrica que iban medio borrachos tomando caguamas y manejando rapidísimo. Al día siguiente, mientras levantábamos nuestro campamento, vimos como una grúa remolcaba un Jetta blanco igualito hasta con alerón al que nos habíamos subido un día antes, pero todo chocado. Nunca supimos si era el mismo pero mientras nos daban ese aventón yo iba, perdón por la expresión, cagado de miedo. Ese viaje de tres días de Querétaro a Jalpan lo hicimos con cien pesos cada quien, y al regreso Daniel estaba muy orgulloso de cómo hasta le habían sobrado unos pesos. 
¿O alguien se acuerda de aquella noche bohemia en Taxco tomando tequila cuando nos encontramos a cuatro chavos en el kiosco del pueblo tocando y cantando canciones mexicanas, o cuando en Toulouse nos fuimos a una fiesta universitaria en bicicleta y se suponía que cada uno debía de llevar a una chava consigo en la bicicleta y yo pretendía llevar a dos y que luego nos robaron las chamarras y tuvimos que regresar a la casa caminando porque las llaves de las bicis estaban en las chamarras? En aquella fiesta un grupo de franceses terminaron totalmente desnudos arriba de una barra, aunque todavía había mucha gente en la fiesta. La única explicación que hasta el día de hoy encuentro es que era una fiesta de la escuela de ingeniería.

En fin, yo creo que deberíamos seguir con aquel plan que sugirió Daniel de escribir nuestras crónicas de Los Gallos y luego, compartirlas para ver las diferentes perspectivas y puntos de vista, lo que le llama la atención a cada uno. Me gusta más que ver fotos.

martes, 19 de febrero de 2013

Me doy, me voy a hacer capitalista

Por fin llegué el domingo pasado a mi destino final, el rancho donde voy a estar de voluntario por mes y medio. Llevo dos días y estoy medio hasta la madre. ¿Medio hasta la madre? Bah, por no decir que estoy totalmente hasta la madre.

El miércoles pasado llegué a San Francisco. Bien, que bonita ciudad. Audrey, mi chica, me recibió muy contenta y nos fuimos a cenar a un restaurante exótico de comida thai, pedimos un plato de pescado que se llamaba algo así como “Madame bass no se qué” y que según esto es la lubina, róbalo o sábalo, una especie de pez “perciforme” de la familia Moronidae. Eso decía en Wikipedia, y si buscas lo que es perciforme viene: también llamados percomorfos (Percomorphi) o acantópteros (Acanthopteri), incluyen alrededor del 40% de todos los peces y son el orden más grande de vertebrados. El nombre Perciformes significa «con forma de perca». Y así me podría seguir buscando en los hipervínculos que significa esto y aquello, es lo que algunas personas hacen y se vuelven adictos al conocimiento wikipediesco. Pero no, eso no me pasará hoy.
Estuvo buena la cena aunque tuvimos que compartir un plato entre dos y pedimos una porción de arroz a lado. Estuvo bien, no necesitaba más en ese momento aunque, si el dinero sobrara, podría haber pedido una copa de vino, un café de postre y si fumara me fumaría un cigarrillo terminando como hace mi hermano plácidamente después de cada comida. Yo también estaba muy contento de ver a Audrey. Me quedé en casa de unos amigos suyos que practican la fe cristiana a fondo, que es donde ella se estuvo quedando las semanas anteriores porque no tenía departamento. Luego el jueves fue día de los enamorados aunque Audrey trabajó y yo estuve trabajando también en mi diplomado sobre “un futuro sustentable”; pero el viernes nos fuimos a caminar a las zonas turísticas como el Distrito Financiero, Chinatown, Union Square, Yerba Buena Gardens, Mission District donde vive ahora Audrey y otros parques y lugares interesantes. Parece que lo más interesante de la ciudad es que está llena de cafés y restaurantes con mucha diversidad, clubes nocturnos, tiendas de moda, mercados de productos orgánicos, parques muy bonitos, Castro District donde viven todos los gays y lesbianas, y el famosísimo Embarcadero y el Ferry Building donde ya había ido hace como siete años con mi tío Ricardo Ovando. La gente en general se ve mucho más decente que en el resto de los lugares que me ha tocado conocer de California, incluyendo donde estoy ahorita, y en las calles hay muchos asiáticos, algunos indios, mexicanos y otros latinoamericanos, blancos y afroamericanos. Un poco de todo.
Las cosas tampoco son muy fáciles con una chica que ya tiene su vida hecha por aquí; y con la situación en la que yo vengo, como siempre, ligero, con mucho tiempo, pero sin responsabilidades ni complejos NI DINERO. Así que el sábado, después de ayudar a Audrey a cambiarse de departamento, fuimos a un restaurante japonés muy pequeño y muy bonito pero creo que tenía razón una amiga suya cuando nos dijo que ella sola se hubiera podido terminar todo lo que habíamos pedido. Estaba bueno, un sushi en el que cada rollito estaba cubierto con un pescado diferente y otra cosa que se llamaba algo así como Popcorn… y que era también pescado empanizado con arroz. En general tuve una buena estancia en San Francisco y conforme a mis planes, voy a estar yendo a disfrutar y a conocer aquella ciudad unas dos o tres veces por mes. Dicen que fue suerte pero desde que yo llegué el clima estuvo muy agradable, cielo despejado y ni necesidad de usar suéter a medio día a pesar de estar todavía en invierno. Caminando ahí por el Distrito Financiero, el viernes pasado en la tarde, ya todos iban saliendo de trabajar y hacía un sol precioso, poca madre (¿por qué no decirlo si es mi blog?); y ahí iba yo caminando con mi chica, todo el mundo contento. Hasta los vagabundos parecían contentos. Solo un perro que estaba a los pies de una señora sin piernas, bueno, que estaba a lado de su silla de ruedas, no parecía muy contento cuando dos personas se acercaron a hablar con ella. También era vagabunda o eso parecía.

Hace dos días que me vine al rancho, como a una hora y media de la ciudad. Audrey me trajo en su coche; yo hubiera preferido venirme sólo pero aquí en Estados Unidos las cosas no funcionan tan bien si no tienes coche, y menos en una zona rural aunque eso creo que es igual en todos lados. Así que, ya oscuro, llegamos al rancho, nos despedimos y Audrey se fue. Resultó que no era el rancho que yo buscaba pero afortunadamente me encontré con un paisa acá, tumbado con un gran bigote negro, tenis y pantalones de cholo, que me ayudó. Había nacido en México pero se crió desde pequeño aquí y conocía a Linda McDonald, la que dirige el rancho donde estoy ahora. Me invitó a pasar a su casa y para mi sorpresa había como treinta personas ahí, un titipuchal de niños como diría mi abuela, o un manojo como diría Rodrigo. Primero pensé que todos vivían ahí y que así es como se veía una típica casa de mexicanos en la zona rural de EEUU, pero no. Estaban en los últimos momentos de una carne asada familiar. La mamá estaba ahí también, una mamá mexicana que de inmediato me invitó un “steak” con ensalada de papa. El cholo, Jesús, me invitó una chela “¿quieres una chela gouey?”; tenía un acento chistosísimo de chicano como los de las películas. Los niños estaban viendo una película o programa de policías de Los Ángeles que según eso eran grabadas de la vida real. Ahí salian los mexican cops y decían “open de door pendejo”. Al poco rato llegó Linda McDonald, habló con Jesús por un momento, y luego nos venimos al rancho en medio de la oscuridad. No tengo ni idea de donde estoy, sólo sé que estoy cerca de Santa Rosa. Cuando llegué me encontré con una pareja de franceses y un americano de Mississipi, todos se iban al día siguiente. Los franceses, un chico y una chica, habían dicho que tenían un problema familiar y tenían que volver a Francia aunque me confesaron luego que se iban porque no les había gustado el lugar. Jamie, el americano afroamericano de Mississipi, que supuse es gay por su forma de comportarse aunque muy amable, tampoco se quedó con muy buena impresión del lugar. Mmmhh, pues es un rancho en medio de las montañas, con muchos árboles alrededor y caballos. Para subir a donde están los caballos hay una cuatrimoto disponible, pero allá todo está lleno de estiércol y hay que andar limpiándoles las pezuñas con un como palillo de dientes pero para las uñas que se llama “hoofpick”. Hoy tuve que descargar una camioneta pick-up (apodada “La Bestia”) llena de estiércol en una pila, o más bien una montaña enorme de estiércol a lado del camino. Todos los caminos tienen subidas muy empinadas y ahora que ha estado lloviendo está frío y lodoso. Mi trabajo es alimentar a los caballos, limpiarles las pezuñas, ponerles sus chamarras en la mañana, limpiar el establo, ponerles las chamarras en la noche si va a hacer frío, etc. Y creo que este trabajo normalmente lo hacen dos o tres voluntarios y ahora sólo estoy yo para hacerlo.

De hecho esto es lo que quería, estar en un lugar donde mi mente estuviera tranquila, donde pudiera apreciar los placeres de la vida no teniéndolos tan a la mano y sobre todo donde pudiera trabajar con el cuerpo como lo han hecho los hombres desde hace miles de años hasta que llegó nuestra “era digital”; ahora la mitad de los trabajos es estar frente a una computadora. Nuestro cuerpo está diseñado para trabajar varias horas del día y ahora la vida sólo te permite la actividad física si vas a un gimnasio y además hay que pagar. Supongo que me desacostumbre a esta dinámica porque me duelen los brazos y las piernas.  De repente siento que la energía se me acaba para seguir este estilo de vida. Creo que cuando regresé de España me sentía así y por eso empecé a trabajar en Jalpan pero luego, cuando me dieron fuego, pensé en volver a las andadas. Pero es mucha chinga, ¿y para qué? ¿Para que estudié en una universidad privada tan cara y para que fui a España a hacer un máster? ¿Para recoger caca de caballo bajo la lluvia en un rancho perdido donde no me pagan y de hecho hasta tuve que poner quince dólares de mi bolsa para completar mi despensa de la semana?
Me voy a hacer capitalista mejor. Voy a conseguirme un trabajo donde gane dinero para ir a buenos restaurantes y comprar mucha ropa. Voy a dejar de preocuparme tanto por el medio ambiente, por la pobreza del mundo y las guerras. No importa que me dedique a importar basura de China para venderla en tiendas como Waldos pero espero poder estar en un lugar cerca de mi familia y donde pueda seguir teniendo contacto con los amigos que he hecho durante estos años. Quiero ver a mi amigo Digu de la India y no creo que él vaya a venir a visitarme. Quiero ir a ver a Simon en Alemania ahora que esté mejor, hacer un viaje con Daniel, con el Charles y con el  Suri. Salir con mis primos en la ciudad de México y ver a mis tíos y tías por ahí.

Las experiencias como esta, lo único bueno que tienen es que te hacen reflexionar y apreciar lo bueno que tenemos en la vida. Estar limpio, estar calientito, estar con gente agradable. Aquí sólo está Linda que se la pasa dando órdenes; Richard, que es como de sesenta años, simpático pero que me trae en chinga; el hijo de Linda de veintiséis años que no me quiso dar pan cuando ni siquiera se lo estaba pidiendo, que no hace ni un poco de esfuerzo por entender que onda y que parece un pendejazo; y una chava de catorce que está en la edad de la adolescencia con todo lo que implica.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Autenticidad

Downtown L.A., CA.  

En cierta forma, todo aquí en E.E.U.U. es una copia de cosas que ya existen en otros lugares del mundo y, aunque muchas veces son copias mejoradas como es el caso de algunos tipos de comida, arquitectura, estilos de vestir, y hasta personalidades; yo todo lo veo como si tuviera algo de falso, o de no auténtico. Todo sólo es apariencia, exterior. Ya sea en colores de edificios, sabores de comida, forma de maquillarse, modelos de coches, o el “buen gusto” de la gente. Por eso aquí sí me gusta ir a las hamburguesas, es casi la única cosa que puedo hacer sintiendo autenticidad, realidad, esencia. Todo el resto lo siento artificial, como si la parte de la esencia humana estuviera siendo relegada para crear vidas artificiales con un buen gusto desarrollado de acuerdo a las necesidades del mercado.


Una vez hice un tour en unas tiendas de perfume en Francia con una chica que me explicó a detalle el arte de saber escoger un perfume, los olores, el empaque, lo que cada uno representa. Es como elegir una parte importante de tu identidad y hay toda una significación detrás; y es igual con la moda, la comida, los libros, etc. En cambio aquí, ahora que estuve visitando algunos hoteles en las Vegas, que parecen más bien plazas comerciales por dentro, encontré algunas de aquellas marcas de perfumes y pensé que habrá quien sepa o a quien le interese todo aquello del arte de escoger y usar el perfume correcto como para ameritar pagar lo que cuestan, pero la mayoría de la gente solo llegaría a la tienda y, igual que si le estuvieran vendiendo un perfume de Avon o una botella rellena con perfume de Tepito, se lo llevaría solamente para comprar status.

martes, 12 de febrero de 2013

Algunas Impresiones


He estado juntando pensamientos e impresiones que quería escribir desde que crucé la frontera pero había estado moviéndome mucho para tener el tiempo de sentarme y escribirlo. Aquél mismo día que mi prima Lola me recogió hubo muchas cosas que me llamaron la atención pero por alguna razón los vagabundos siempre me intrigan profundamente; me pongo a pensar qué tipo de vidas habrían tenido, qué piensan, qué los mueve en la vida para no simplemente dejarse morir, cómo le hacen para sobrevivir en las noches frías, si están o no desequilibrados de la cabeza o enfermos, si están tristes o se vuelven un poco insensibles a muchas cosas, si tienen esperanza o creen que un día todo va a mejorar, si creen en Dios…

Pero pasando a otra cosa, pues así es el camino, que no te deja terminar de pensar o reflexionar sobre una cosa porque ya la situación te exige pasar a lo siguiente, en San Diego me encontré con una enorme y diversa población de árboles que en Tijuana no vi. La geografía es la misma, montañosa y con una humedad que le da un tinte verde al paisaje, pero en Tijuana hay muy pocos árboles comparado con San Diego. Mi prima Lola respondió a esta observación que el condado de San Diego le roba (seguramente de una forma legal, como pagando) el agua a Tijuana y, aunque es un servicio muy caro, la gente ahí tiene el dinero para pagar por suficiente agua para tener jardines verdes y albercas por todos lados para el caluroso verano. Con esta observación me vino a la mente cuando crucé de Nuevo Laredo, Tamaulipas, a Laredo, Texas donde automáticamente el desierto pareció menos seco, el clima cambió de estar despejado a estar nublado, frío y húmedo, y me sorprendió la cantidad de coches que había por todos lados. Autopistas enormes, calles anchas, estacionamientos inmensos llenos de coches y camionetas y en la carretera había lotes llenos de coches nuevos, y todos los coches que estaban en la calle también se veían bastante nuevos. Creía que California y Texas eran los lugares del mundo con más coches per cápita en el mundo aunque ocupan el lugar veintitrés y el cuarenta respectivamente en la lista de coches per cápita por Estado en EEUU con 840 y 720 por cada 1000 habitantes. Sin embargo, si es el primer país en el mundo en coches por persona en la lista de Wikipedia si descartamos Mónaco, una broma de país que en realidad es un necesitado paraíso fiscal para los ricos de Francia e Inglaterra.

Lola me llevó a conocer dos universidades, University of San Diego, católica y privada donde estudian los ricos de San Diego y los juniors y narcojuniors de Tijuana y de otras partes de México; y la San Diego State University. Sólo me faltó conocer la University of California, San Diego una de las instituciones de investigación más reconocidas del mundo. La primera sólo la conocí superficialmente, por fuera en un paseo en coche. Todos los edificios parecían bastante nuevos y la gente iba bien vestida, las mujeres con mucho maquillaje, todos con una sonrisa radiante y un rayo de sol en la cara como iluminándoles los ojos claros y caminando triunfantemente con el aire moviéndoles el hermoso cabello como en algún anuncio del Tec de Monterrey. Bueno, al menos eso es lo que me acuerdo que me acuerdo, o más bien la imagen que me quedó después de lo que mi prima y un profesor que tuve de San Diego me contaron sobre esta universidad de derechistas. San Diego State University me pareció más aterrizada, aunque también ayudó que ahí sí caminé un poco y conocí la biblioteca, los pasillos y algunas tiendas. A excepción de las tiendas de Starbucks y algunas otras que están dentro de la universidad para que los alumnos compren, todo parecía tener un ambiente bastante académico y agradable para estudiar.

lunes, 11 de febrero de 2013

Civilization

Las Vegas is full of proud people coming to spend thousands of dollars shopping and gambling, what could be considered as a sign of the economic glory of the United States. For me is a decadence symptom of our present civilization.

Nevertheless, leaving the social and environmental perspectives on the side, it's incredible how anyone could ever imagine building a city here. During the drive to Vegas, long before we reached the city, we drove through a very hostile desert; one of the more inhospitable ones I have seen apart from the one at the Sinai Peninsula in Egypt (very beautiful to see though). While exploring a little bit I went up to the twentieth floor of the hotel we are staying at, which in fact is the nineteenth because there is no thirteen floor due to a superstition that most of the people don't really know about or understand but accept (just as most things in life are), I found myself looking at an astonishing landscape with big mountains, some of them with a strong red color tone I haven’t seen before. The entire city is surrounded by mountains that can be seen in the distance with their peaks covered by snow. The city itself is magnificent.

Imagining this greatness in where once was a harsh desert with no water and no more vegetation than small thorny bushes allow us to witness how far the human civilization have gone to. For some people (even for me before I started to worry so much about the environment, the contradictions and the injustices of this world) this place could be the closest way of experiencing what visitors felt when they first saw cities like Luxor, Rome, Tenochtitlan, Paris, Machu-Pichu, Agra, the Vatican, the Mecca etc. in their period of apogee. Seeing those places today is still a great experience but you are witnessing a passed period of glory (and in some cases, like for Tenochtitlan, history had other plans).